Autónomo vs Sociedad.

En este primer post he querido analizar, a grandes rasgos, una de las primeras dudas jurídicas que puede tener cualquier emprendedor; ¿Darse de alta en el régimen de “Autónomos” o constituir una Sociedad?

A este respecto, cuando iniciamos una “actividad económica”, ya sea (i) empresarial o (ii) profesional (cuya diferencia explicaré en el siguiente post), tendremos que elegir si realizarla como persona física, lo que comúnmente se entiende como “trabajador autónomo”, o a través de una sociedad, por ejemplo una Sociedad de Responsabilidad Limitada (S.L).

Pero, ¿qué es un autónomo?

El autónomo, regulado por la Ley 20/2007, de 11 de julio, del Estatuto del Trabajo Autónomo, puede definirse como la persona física (no jurídica) que realiza de forma habitual, personal, directa, por cuenta propia y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona (si no se trataría de un trabajador asalariado por cuenta ajena), una actividad económica o profesional a título lucrativo, independientemente de que den o no ocupación a trabajadores por cuenta ajena.

Si inicias tu actividad como autónomo deberás darte de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos de la Seguridad Social.

¿Y qué es una sociedad?

El Código Civil define la sociedad como la agrupación voluntaria de personas que se obligan entre sí a contribuir para la consecución de un fin común (art. 1665 CC). Aunque existen diferentes tipos, aquí nos centraremos en las “Sociedades de Capital”, y más concretamente en la Sociedad Limitada (S.L.).

Aunque la anterior definición de sociedad alude al termino “personas” en plural, ya te adelanto que el derecho mercantil permite la constitución de una SA o una S.L. por un único socio.

Pero cuidado, porque aunque desde un punto de vista mercantil se admita la posibilidad de constituir sociedades unipersonales, otra cuestión bien distinta será el criterio de la Agencia Tributaria al respecto (normativa fiscal). Basta ver la reciente polémica que se ha generado entorno las llamadas “sociedades instrumentales” de profesionales y artistas.

Con todo, normalmente el ejercicio de la actividad a través de una sociedad mercantil se encuentra plenamente justificado y admitido por Hacienda, siendo el objetivo de este post que conozcas algunas de las principales diferencias entre el autónomo y la sociedad.

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Autonomo vs S.L.  ¿Cuáles son las principales diferencias entre el autónomo y la S.L.?

–      Burocráticas:

Aunque se han simplificado los trámites, constituir una sociedad comportar la realización de más gestiones que si inicias tu actividad directamente como un autónomo. Eso sí, en ambos casos cuando inicies tu actividad tendrás que darte de alta en Hacienda, en el llamado “Alta Censal” (Modelos 036 y 037).

–      Fiscales:

La principal diferencia es que las rentas del autónomo tributarán por el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), mientras que el beneficio de la S.L. lo hará por el Impuesto sobre Sociedades (IS).

Así si eres autónomo tributará por el IRPF. Un impuesto “progresivo”, es decir, que cuanto más ganes más impuestos pagas. Por ejemplo, en el año 2015, el tipo de gravamen para rentas superiores a 60.000 euros es del 47%. También debes saber que una parte del impuesto esta cedida a las Comunidades Autónomos por lo que si resides en Madrid pagarás una cantidad distinta a la que pagaría si tuvieras tu residencia habitual en Andalucía o Cataluña

En cambio, la S.L., que tributan por el IS, lo hará por un tipo de gravamen general del 28%, que en el caso de las sociedades de nueva creación será del 15% (hasta 300.000 euros)  y 20% (cantidades superiores) durante los dos primeros años.

Como ves las diferencias de tributación entre el autónomo y la sociedad pueden ser enormes.

–      Contables:

La sociedad tendrá que formular la contabilidad y presentar sus cuentas anualmente en el Registro Mercantil, de acuerdo con lo dispuesto en el Código de Comercio, mientras que como autónomo no será necesario.

Ahora bien, eso no significa que como autónomo no tengas que realizar ningún registro de tus actividades, puesto que Hacienda te exigirá los llamados “Libros Registros” (de Ingresos, gastos, bienes de inversión….).

–      Necesidad de aportar capital:

Asimismo, para crear una S.L. necesitarás aportar un Capital Social mínimo de 3.000 euros, lo que puede resultar excesivo para muchos emprendedores. La Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de Apoyo a los Emprendedores y su Internacionalización, ha introducido la figura de la “Sociedad Limitada de Formación Sucesiva”.  Dicho régimen especial permite crear la sociedad e ir aportando progresivamente el capital social.

–      Responsabilidad frente a tereceros:

Si eres autónomo debes conocer que responderás ilimitadamente con todo tu patrimonio, presente y futuro, de las deudas generadas a raíz de tu actividad (art. 1911 CC), mientras que si constituyes una S.A. o una S.L., tu responsabilidad, “a priori”, se limitará al capital aportado.  En otras palabras, de las deudas responderá ilimitadamente la sociedad no sus socios.

Como novedad, en 2014 la Ley de Emprendedores ha introducido la figura del “emprendedor de responsabilidad limitada”, emprendedor persona física, cualquiera que sea su actividad, que limita su responsabilidad por las deudas que traigan causa del ejercicio de su actividad empresarial o profesional. Ahora bien, esa limitación de responsabilidad se refiere únicamente a su vivienda habitual, siempre que su valor no supere los 300.000 euros, con aplicación de un coeficiente de 1,5 en caso de viviendas situadas en poblaciones de más de un millón de habitantes.  Si quieres convertirte en emprendedor de responsabilidad limitada tendrás que ir al Notario e inscribirlo en el Registro.

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