Disolución de la sociedad o Concurso de Acreedores

Cuándo debemos proceder a la disolución de la sociedad y cuándo a presentar un concurso de acreedores, es una pregunta que se realizan muchos emprendedores que han cesado la actividad de su empresa o startup (es decir, cerrado la persiana) y, sin embargo, mantienen una sociedad (generalmente una SL) activa.

Disolucion o concurso

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Imaginemos que 3 socios pusieron en marcha en el año 2.012 un negocio de venta de muebles a través de internet, constituyendo para ello  una S.L. En el año 2.015, los socios no se han terminado de implicar con el proyecto y la sociedad se encuentra prácticamente inactiva.

Ante un caso como el mencionado, en el que los socios quieren cesar la actividad de la empresa, lo más recomendable de entrada sería proceder a «disolver» la sociedad.

¿Qué significa disolver una sociedad?

La «DISOLUCIÓN» de una sociedad (que en caso de cese de la actividad requerirá el acuerdo de la Junta General de socios), no comporta en si misma la «extinción» (desaparición) de la sociedad. La misma seguirá existiendo y mantendrá su personalidad jurídica, si bien, su finalidad ya no será la de explotación de la actividad empresarial sino proceder a su «liquidación».

Acordada la «disolución» se abre una segunda fase; conocida como periodo de «LIQUIDACIÓN» y la sociedad deberá añadir a su denominación la expresión «en liquidación».

Otra consecuencia de la «liquidación» es el cese de los «administradores sociales» y el nombramiento, en su lugar, de los «liquidadores», a quienes se les encomienda la ejecución de las «operaciones de liquidación».

La liquidación consiste, básicamente, en saldar y finiquitar todas las relaciones jurídicas (lo que significa que la sociedad tendrá que pagar todas sus deudas). El patrimonio resultante se repartirá entre los socios en la denominada «cuota de liquidación».

Como deber inicial los liquidadores, en el plazo de tres meses, a contar desde la apertura de la liquidación, tendrán que formular un inventario y un balance de la sociedad con referencia al día en que se hubiera disuelto (art. 383 de la LSC).

Por otro lado, los liquidadores deberán llevar la contabilidad de la sociedad, así como llevar y custodiar los libros, la documentación y correspondencia de ésta (art. 386 LSC).

Art. 385.1 de la  Ley de Sociedades de Capital (LSC):  «A los liquidadores corresponde percibir los créditos sociales y pagar las deudas sociales. Además, en el art. 391.2 advierte: «los liquidadores no podrán satisfacer la cuota de liquidación a los socios sin la previa satisfacción a los acreedores del im.orte de sus créditos o sin consignarlo en una entidad de crédito del término municipal en que radique el domicilio social.

Concluidas las operaciones de liquidación, los liquidadores someterán a la aprobación de la Junta General:

(i)  Un balance final.

(ii)  Un informe completo sobre las operaciones de liquidación.

(iii)  Un proyecto de división entre los socios del activo resultante (si lo hubiera).

Finalmente, se debe otorgar ante Notario una «Escritura pública de extinción de la sociedad» y, seguidamente, inscribirla en el Registro Mercantil, cancelándose todos los asientos registrales relativos a la sociedad. El resultado será entonces la «EXTINCIÓN» (desaparición) de la sociedad.

Pero, ¿qué sucede si la sociedad no puede hacer frente a sus deudas?

Si la sociedad se encuentra en estado de insolvencia, es decir, no puede cumplir de manera regular con sus obligaciones de pago, entonces tendremos que acudir al procedimiento del «concurso de acreedores» regulado en la Ley Concursal.

La Ley obliga a los administradores, y en su caso, a los liquidadores a solicitar la declaración de concurso «dentro de los dos meses siguientes en que hubiera conocido o debido conocer su situación de insolvencia» (art. 5.1 de la Ley Concursal).

Este plazo es importante ya que la presentación tardía del concurso puedo comportar la declaración del concurso como «culpable» y acarrear responsabilidades para los administradores y/o liquidadores.

Declarado el concurso, al no existir posibilidad de convenio con los acreedores para continuar con la actividad, el procedimiento acabará con la liquidación de todo el patrimonio de la sociedad (si lo hay) y la extinción de la sociedad.

 

En conclusión, el cese de la actividad comporta la obligación de disolver y liquidar la sociedad, que generalmente culminará con la extinción de la sociedad, pero que en caso de insolvencia, deberá articularse por medio del concurso de acreedores.

2 Comments Disolución de la sociedad o Concurso de Acreedores

  1. Carmen

    Quería saber, qué sucede si una sociedad acuerda su liquidación y disolución mediante junta, y vende su único activo, y a los dos meses de vender acuerda concurso, que lo solicita judicialmente 14 meses después del acuerdo de disolución. El administrador no reconocía las deudas que tenían las empresas acreedoras y se ha gastado el dinero de la liquidación en abogados. El concurso concluye por falta de masa activa como no podía ser de otra manera. Es cuando aparecen las primeras sentencias a favor de los acreedores por deudas cuando piden judicialmente concurso. Los acreedores ya le habían solicitado el pago desde antes de la liquidación del activo. Al parecer el activo lo vendieron por debajo del precio de mercado a una sociedad sucesora.

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    1. J. Raúl Fernández

      Entiendo (aunque no lo especificas) que el concurso concluyó por falta de masa activa en el mismo Auto de declaración de concurso (el conocido como concurso exprés). Lo digo porque si antes de concluir el concurso el Juzgado nombró un administrador concursal éste pudo valorar la operación (de venta del activo) y si era viable plantear alguna acción concursal al respecto. En cualquier caso, la Ley permite a los acreedores plantear la reapertura del concurso (en el año siguiente a la resolución de conclusión) si consideran viable una acción de reintegración.

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