La forma jurídica de la Startup (GJ)

La startup es una «organización empresarial» que desarrolla una «actividad económica» en el mercado y que se caracteriza por la búsqueda de un modelo de negocio que sea repetible y escalable.

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La Startup es una empresa.

Desde un punto de vista económico la startup, como cualquier empresa, comporta la ordenación de medios de producción o de recursos humanos, o de ambos, con la finalidad de producir o distribuir bienes o servicios en el mercado y obtener con ello un lucro.

Imaginemos el caso de una startup que pone en contacto a propietarios de, por ejemplo, motocicletas eléctricas, con personas interesadas en alquilarlas por horas. La startup presta ese servicio a través de una App móvil y gestiona el pago entre el usuario y el propietario a cambio de una comisión.

Parece claro que la startup realiza una «actividad económica» al ofrecer ese servicio de intermediación en el mercado. 

Pues bien, la forma jurídica condicionará el modo de organización y de relaciones internas en la startup y la manera de relacionarse externamente.

De ahí la importancia de elegir la fórmula jurídica más adecuada.

La Sociedad Limitada.

Sin duda, la Sociedad Limitada es la forma jurídica más utilizadas por los fundadores de startups, lo que no quiere decir que sea la única forma posible.

Volviendo al ejemplo de nuestra startup de alquiler de motocicletas, sería perfectamente posible que la actividad la realizase un emprendedor a título individual (lo que se conoce comúnmente como «autónomo»).

En ese caso, sería la persona física la que facturaría por el servicio y quien asumiría personalmente los riesgos de la actividad.

Ahora bien, lo normal es que en una startup la funden varios socios y que desde sus inicios tengan la intención de incorporar a inversores en su capital.

Por ello, constituir una sociedad y, más concretamente una Sociedad Limitada, parece lo más recomendable.

Pero cada caso es diferente y siempre es necesario contar con el asesoramiento de un experto en la materia.

Las principales diferencias entre el «autónomo» y la «sociedad» las expliqué en uno de los primeros post del blog. Os dejo el enlace.

Quizá, la más relevante sea el «régimen de responsabilidad«. El autónomo, como regla general, responde ilimitadamente de todas las deudas del negocio, mientras que en las sociedades de responsabilidad limitada (como una SA o una SL), de las deudas responde ilimitadamente la sociedad, pero no los socios.

La constitución de la sociedad y su organización interna.

La constitución de una SL comporta para los socios fundadores la realización de una serie de trámites que se han ido simplificando en los últimos años, al incorporarse la posibilidad de constituir sociedades de forma telemática.

Los principales trámites los explico en este post.

A modo de resumen:

1º) Solicitar un certificado de denominación de la sociedad.

2º) Otorgar ante Notario la escritura pública de constitución.

3º) Obtención del CIF provisional.

4º) Inscribir la escritura en el Registro Mercantil.

La forma de organización interna de la sociedad limitada podría dar para más de un post del blog.

En cualquier caso, lo fundamental es conocer la existencia de dos órganos en la sociedad que tienen diferentes funciones.

A)  La junta de socios.

La Junta es una reunión de los socios de la SL en la que éstos deciden sobre determinados asuntos que afectan a la sociedad.

B)  El órgano de administración.

Es nombrado por los socios y es el encargado de la gestión y representación de la sociedad.

Vemos, por tanto, una distinción clara entre la figura del socio y la de administrador, pues este último es a quien los socios eligen para gestionar la sociedad.

Ahora bien, en el caso de la SL esa distinción puede difuminarse (lo que no sucede en la SA), al ser posible la intervención de la «junta» en los asunto propios de la gestión, ya que la Ley permite que ésta pueda impartir instrucciones al administrador o someter a autorización determinados asuntos.

El órgano de administración puede estar compuesto por: (i) un administrador único, (ii) varios administradores solidarios (cada uno puede actuar por su cuenta), (iii) varios administradores mancomunados (cualquier decisión u actuación precisa el acuerdo) o (iv) un consejo de administración.

Inicialmente la startup se suele nombrar un «administrador único» o varios «administradores solidarios» y, más adelante, coincidiendo con la entrada de inversores, optar por un «consejo de administración».

Muchas startups hacen referencia al termino anglosajón «CEO» (chief  executive officer) para referirse a la figura del administrador o del consejero delegado.

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