Pasos para darse de alta como autónomo

Si vas a hacerte «autónomo», es decir iniciar una actividad económica a modo individual, deberás realizar una serie de trámites ante distintos organismos públicos. Estos son los principales pasos para darse de alta como autónomo:

1º) Agencia Tributaria. 

En primer lugar, tendrás que comunicar a la Agencia Tributaria que vas a iniciar una actividad empresarial profesional o artística. Este trámite se conoce como «alta censal», ya que estamos solicitando nuestra inclusión  en el Censo de Empresarios, Profesionales y retenedores.

¿Qué papel necesitaré rellenar en Hacienda?

El papel (o modelos) de Hacienda para solicitar el alta censal son el 036 o el 037.  Éste último (037) es el modelo simplificado que pueden presentar las personas físicas siempre y cuando:

  • Tengan NIF, no actúen por medio de representante y sean residentes en España.
  • Su domicilio fiscal coincida con el de gestión administrativa.
  • No estén incluidos en los regímenes especiales del IVA con excepción del simplificado, agricultura, ganadería y pesca, de recargo de equivalencia o del criterio de caja.
  • No figuren en el registro de devolución mensual (REDEME) del IVA, el de operadores intracomunitarios, o el de grandes empresas.

 ¿Cómo se presentan?

Puedes realizar el trámite de forma presencial, acudiendo a la delegación de la Agencia Tributaria correspondiente a tu domicilio o de forma telepática por internet. En este último caso necesitarás disponer de algún certificado de firma digital admitido por Hacienda, por ejemplo un DNI electrónico.

En cuanto al Impuesto por Actividades Económicas debes saber que las personas físicas no tienen que presentar declaración por dicho impuesto.  Basta con que rellenes el modelo 036 o 037.

2º) Seguridad Social. 

Una vez que hayas cumplimentado el trámite con Hacienda, en el plazo de 30 días tendrás que acudir a la Tesorería Territorial de la Seguridad Social y solicitar el alta en el Régimen Especial de Autónomos.

Para esto es necesario presentar el modelo TA.0521. Igualmente, si dispones de un certificado electrónico válido podrías realizar el trámite telemáticamente.

3º) Otros trámites.

Por otros trámites nos referimos, por ejemplo; a comunicar al ayuntamiento el inicio de la actividad o solicitar, en su caso, las licencias de obras o de cambio de cambio de uso, o en relación a la inspección de trabajo, comunicar la apertura del centro de trabajo, habilitar el libro de visitas, etc.

Como ves existen infinidad de trámites burocráticos,  que necesitaras cumplimentar para poder desarrollar tu actividad.

Por ello, te recomiendo que si decides encargarte personalmente de todos estos trámites acudas a asesorarte a algún Punto de Atención al Emprendedor y al Ayuntamiento del lugar de la actividad, para que te informen de todos los requisitos específicos exigidos para tu actividad.

Diferencia entre actividad empresarial y profesional

En el post anterior hicimos mención a que la actividad económica puede ser empresarial o profesional. Cuando comunicamos a Hacienda el inicio de la actividad (Alta Censal) tenemos que indicar el epígrafe de actividad para el cual se solicita, distinguiéndose entre «actividades empresariales», «profesionales» y «artísticas».

¿Existen diferencias entre una y otra?

La respuesta obviamente es que sí, pero quizá cada vez con menos justificación.

Pues bien, si queremos entender la tradicional distinción entre actividad empresarial y profesional, en primer lugar, tendremos que acudir a razones históricas. Concretamente a la realidad económica española a finales del Siglo XIX, que es cuando se aprueba el Código de Comercio (en el año 1885) y el Código Civil (en el año 1889).

Así, tradicionalmente se ha entendido la actividad empresarial como la realizada por los comerciantes (terminología utilizada por el Código de Comercio), lo que hoy en día necesariamente incluye otras actividades económicas diferentes de la comercial, como la industrial y la de servicios. Por su parte la actividad profesional era, y sigue siendo, la realizada por «profesionales liberales» (abogados, médicos, ingenieros, arquitectos etc). Normalmente, aunque no siempre, exige disponer de la correspondiente titulación universitaria e, incluso, la incorporación al Colegio Profesional.

Pero ¿en qué se diferencian?

La diferencia fundamental radica en que para realizar una actividad empresarial es indispensable contar con una «organización empresarial» (entendida ésta como el conjunto de medios personales y materiales necesarios para su desarrollo, como por ejemplo una tienda física, mercancías, trabajadores, etc). En el caso de la actividad profesional, tradicionalmente no ha sido necesario contar con esa organización, pues al estar directamente vinculadas al conocimiento de la persona, por ejemplo un abogado, se realizaba personalmente por el profesional.

Sin embargo, en la actualidad es habitual el profesional que trabaja con una estructura empresarial, siguiendo con el ejemplo anterior un despacho de abogados. En esos casos se puede realizar dicha actividad por medio de fórmulas societarias, como una S.A. o una S.L., debiéndose añadir el término Profesional.

 

 

 

Autónomo vs Sociedad.

En este primer post he querido analizar, a grandes rasgos, una de las primeras dudas jurídicas que puede tener cualquier emprendedor; ¿Darse de alta en el régimen de “Autónomos” o constituir una Sociedad?

A este respecto, cuando iniciamos una «actividad económica», ya sea (i) empresarial o (ii) profesional (cuya diferencia explicaré en el siguiente post), tendremos que elegir si realizarla como persona física, lo que comúnmente se entiende como “trabajador autónomo”, o a través de una sociedad, por ejemplo una Sociedad de Responsabilidad Limitada (S.L).

Pero, ¿qué es un autónomo?

El autónomo, regulado por la Ley 20/2007, de 11 de julio, del Estatuto del Trabajo Autónomo, puede definirse como la persona física (no jurídica) que realiza de forma habitual, personal, directa, por cuenta propia y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona (si no se trataría de un trabajador asalariado por cuenta ajena), una actividad económica o profesional a título lucrativo, independientemente de que den o no ocupación a trabajadores por cuenta ajena.

Si inicias tu actividad como autónomo deberás darte de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos de la Seguridad Social.

¿Y qué es una sociedad?

El Código Civil define la sociedad como la agrupación voluntaria de personas que se obligan entre sí a contribuir para la consecución de un fin común (art. 1665 CC). Aunque existen diferentes tipos, aquí nos centraremos en las “Sociedades de Capital”, y más concretamente en la Sociedad Limitada (S.L.).

Aunque la anterior definición de sociedad alude al termino «personas» en plural, ya te adelanto que el derecho mercantil permite la constitución de una SA o una S.L. por un único socio.

Pero cuidado, porque aunque desde un punto de vista mercantil se admita la posibilidad de constituir sociedades unipersonales, otra cuestión bien distinta será el criterio de la Agencia Tributaria al respecto (normativa fiscal). Basta ver la reciente polémica que se ha generado entorno las llamadas “sociedades instrumentales” de profesionales y artistas.

Con todo, normalmente el ejercicio de la actividad a través de una sociedad mercantil se encuentra plenamente justificado y admitido por Hacienda, siendo el objetivo de este post que conozcas algunas de las principales diferencias entre el autónomo y la sociedad.

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Autonomo vs S.L.  ¿Cuáles son las principales diferencias entre el autónomo y la S.L.?

–      Burocráticas:

Aunque se han simplificado los trámites, constituir una sociedad comportar la realización de más gestiones que si inicias tu actividad directamente como un autónomo. Eso sí, en ambos casos cuando inicies tu actividad tendrás que darte de alta en Hacienda, en el llamado “Alta Censal” (Modelos 036 y 037).

–      Fiscales:

La principal diferencia es que las rentas del autónomo tributarán por el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), mientras que el beneficio de la S.L. lo hará por el Impuesto sobre Sociedades (IS).

Así si eres autónomo tributará por el IRPF. Un impuesto “progresivo”, es decir, que cuanto más ganes más impuestos pagas. Por ejemplo, en el año 2015, el tipo de gravamen para rentas superiores a 60.000 euros es del 47%. También debes saber que una parte del impuesto esta cedida a las Comunidades Autónomos por lo que si resides en Madrid pagarás una cantidad distinta a la que pagaría si tuvieras tu residencia habitual en Andalucía o Cataluña

En cambio, la S.L., que tributan por el IS, lo hará por un tipo de gravamen general del 28%, que en el caso de las sociedades de nueva creación será del 15% (hasta 300.000 euros)  y 20% (cantidades superiores) durante los dos primeros años.

Como ves las diferencias de tributación entre el autónomo y la sociedad pueden ser enormes.

–      Contables:

La sociedad tendrá que formular la contabilidad y presentar sus cuentas anualmente en el Registro Mercantil, de acuerdo con lo dispuesto en el Código de Comercio, mientras que como autónomo no será necesario.

Ahora bien, eso no significa que como autónomo no tengas que realizar ningún registro de tus actividades, puesto que Hacienda te exigirá los llamados “Libros Registros” (de Ingresos, gastos, bienes de inversión….).

–      Necesidad de aportar capital:

Asimismo, para crear una S.L. necesitarás aportar un Capital Social mínimo de 3.000 euros, lo que puede resultar excesivo para muchos emprendedores. La Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de Apoyo a los Emprendedores y su Internacionalización, ha introducido la figura de la “Sociedad Limitada de Formación Sucesiva”.  Dicho régimen especial permite crear la sociedad e ir aportando progresivamente el capital social.

–      Responsabilidad frente a tereceros:

Si eres autónomo debes conocer que responderás ilimitadamente con todo tu patrimonio, presente y futuro, de las deudas generadas a raíz de tu actividad (art. 1911 CC), mientras que si constituyes una S.A. o una S.L., tu responsabilidad, “a priori”, se limitará al capital aportado.  En otras palabras, de las deudas responderá ilimitadamente la sociedad no sus socios.

Como novedad, en 2014 la Ley de Emprendedores ha introducido la figura del “emprendedor de responsabilidad limitada”, emprendedor persona física, cualquiera que sea su actividad, que limita su responsabilidad por las deudas que traigan causa del ejercicio de su actividad empresarial o profesional. Ahora bien, esa limitación de responsabilidad se refiere únicamente a su vivienda habitual, siempre que su valor no supere los 300.000 euros, con aplicación de un coeficiente de 1,5 en caso de viviendas situadas en poblaciones de más de un millón de habitantes.  Si quieres convertirte en emprendedor de responsabilidad limitada tendrás que ir al Notario e inscribirlo en el Registro.